Llegan los “San Blases” por Antxon Aguirre Sorondo

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San Blas fue obispo de Sabaste (Armenia) a comienzo del siglo IV y martirizado a principios del siglo IV, bajo el dominio del emperador romano Diocleciano. Su fiesta se celebra el 3 de febrero.

Es patrón de cardadores de lana, picapedreros y yeseros. Se le pide ante los peligros de vientos huracanados, lobos, y males de garganta.

En su fiesta los fieles asistían a los templos con panes rodeados de cordones para su bendición. El pan se consumía en la familia, e incluso se daba un trocito a los animales domésticos y la cinta se colocaba al cuello para preservar la garganta de todo mal (unos lo llevaban durante meses, otros durante nueve días o novenario).

También se bendecía agua, alimentos y granos. El agua se daba a beber a los miembros de la familia y a los animales, y se guardaba para bendecir los campos y verter en las piletas de los dormitorios.

Cuando el pan se incorporó a la dieta cotidiana (a finales del siglo pasado) empezaron a llevarse a bendecir panes enriquecidos con manteca, miel o huevos, rosquillas, “sobados”, en el Goiherri unos panes con pimienta negra triturada llamados “piper-opillas”, o los típicos “sanblases”: pasteles de bizcocho bañados con clara de huevo batida y azúcar, y últimamente adornados con el nombre del santo escrito con chocolate.

Porque curó a un niño agonizante por culpa de una espina clavada en la traquea, es San Blas patrón de los otorrinolaringólogos y protector contra las afecciones de la garganta. Es conocido el refrán castellano: “Dice San Blas a la espina: vete de la garganta, o sube o baja”. Asimismo, a quien se atraganta se le propinan unos golpes en la espalda mientras se invoca: “San Blas, adelante o atrás”.

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